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La escasez de programadores
Según estudios americanos, existe una importante carencia de profesionales programadores en EE. UU..
Como referencia, se habla de una necesidad de unos 95.000 programadores al año, frente a un total de unos 25.000 titulados en “Computer Science” que salen anualmente de sus universidades.
Para complicar un poco el asunto, se estima que, por ejemplo, Microsoft solo contrata al 2% de los programadores que entrevista. Esto es común entre los líderes del mercado, que solo están dispuestos a contratar a los mejores profesionales.
Poniendo un poco de orden, se puede establecer un modelo con tres diferentes niveles de empleadores: por una parte están las ‘start up’ tecnológicas y las empresas líder de desarrollo de software; por otra, las empresas de fabricación de alta tecnología, consultoras y proveedoras de
servicios; por último, el resto de empresas industriales y de servicios no especializadas en tecnologías de información.
El grueso de los empleos se encuentra en el segundo grupo, mientras que el primero solo está interesado en los profesionales de más talento y el último no suele aportar puestos de mucho interés para los técnicos.
Simplificando mucho y yendo a los grandes números, el problema consistiría en un desajuste entre la demanda de este segundo grupo y la oferta que las universidades pueden generar.
Sin embargo, incluso sobre esto hay opiniones: hay quien piensa que, más que una carencia, hay una discrepancia entre las capacidades de los profesionales disponibles y el tipo de puestos de trabajo que se demandan o, al menos, los que las empresas están dispuestos a contratar.
Como nota al margen, y con el solo ánimo de poner los dientes largos, es interesante saber que un programador con experiencia puede ganar en EE. UU. entre 120.000 y 150.000 dólares anuales y que, incluso un programador sin experiencia, puede aspirar a un salario de unos 50.000 a 70.000 dólares al año. Hablamos en ambos casos de titulados universitarios pero, como podrá dar fe cualquier profesional español, son cifras que están lejos de lo que es habitual en estos lares.
Pero aún más interesante resulta analizar las soluciones que se le está intentando dar al problema en EE. UU. Por una parte, hay un importante movimiento para promover la enseñanza de técnicas de programación en todos los niveles educativos y profesionales de muchos sectores bastante alejados de la ingeniería informática.
Tanto las universidades como los centros de enseñanza privados generan una amplia oferta de cursos, talleres y campamentos para aprender a programar. Las escuelas primarias y secundarias amplían su currículo con cursos de introducción a la programación para niños y jóvenes.
Esto tiene varias lecturas. Por un lado, que se considera imprescindible para la empleabilidad de cualquier profesional una cierta capacidad para desarrollar programas simples; por otro, que casi todos vamos a necesitar esa habilidad en nuestro desempeño personal y profesional (cosa con la que no puedo estar más de acuerdo); por último, y esto es una opinión más personal, que probablemente, en bastantes casos, se está contratando a un programador profesional para tareas que podría desarrollar mejor una persona con otra formación y con una cierta habilidad para programar.
Sea como sea, más vale que seamos capaces de atraer más estudiantes hacia esta profesión, porque nos va a hacer falta; porque es una industria con futuro, que no requiere de infraestructuras industriales de las que muchas veces carecemos, y porque constituye, en resumen, una buena oportunidad para nuestra economía.
Fuente: economia3.com